En días tan tristes como los que estos repugnantes desgraciados de ETA nos están haciendo pasar cabe recordar que ha muerto un vasco. Ha muerto Eduardo Antonio Puelles García y con él ha muerto un hijo de la tierra vasca. Muchas veces los que vivimos lejos del País Vasco, precisamente por esa lejanía, quizás también por un poco de desconocimiento y, sobre todo, por la aversión que los asesinos provocan en todo lo que ensucian con sus actos, pensamos que los vascos son todos así, como los que matan. Pero hay muchos más vascos que desgraciadamente son como los que mueren, como lo era Eduardo. Por eso, por el respeto que le debemos a él y a todos los que han muerto como él y a todos los que sufren la sinrazón de la barbarie muy cerca de sus nucas, en el colegio de sus hijos, en el autobús que lleva a sus seres queridos al trabajo, en el bar donde apenas se puede hablar de las ganas de paz que la inmensa mayoría desea, no podemos caer en la tentación de generalizar. Cuando hablemos de esa tierra y sus gentes, desde nuestra lejanía, no caigamos en ese error porque unos pocos hallan ensuciado y embarrado los sueños, el trabajo y las ilusiones de todo un pueblo. No caigamos en el error de juzgar a unas personas que son como cualquiera de nosotros, porque no hay un modelo de vasco, como tampoco lo hay de gaditano, ni de catalán. Generalizar y reducir el problema vasco diciendo cosas como "que ellos se entiendan solos pero que nos dejen en paz a los demás" o "todos quieren ser independientes a cualquier precio, incluso con las armas", es hacer el juego a los terroristas y a la minoría que los defienden. Porque en definitiva, eso es lo que pretende el terrorismo además de sembrar el terror, buscar la distorsión de la realidad a través de la propaganda y de la manipulación en la que demasiadas veces caemos los demás. Recordando a Eduardo, recordando su muerte, recordando su trabajo de policía al servicio de todos nosotros, sabremos que estos días miles de vascos sentirán la misma rabia que cualquier persona con un mínimo de dignidad, que ríos de lágrimas de dolor recorrerán sus mejillas y que el dolor se habrá instalado en muchos corazones que hablan euskera.
Música para Eduardo, un vasco
Vara , Vivaldi
http://www.youtube.com/watch?v=hvylQtjgnNI
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Joaquín Páez
Secretario General PSOE Chiclana
Compañero Joaquín
ResponderEliminarEn la escala de culpabilidad, sin duda el primer puesto lo tiene el asesino que puso la bomba. Después de él, los que lo mandaron,y después, los chivatos, etc.
La escala es larga y no se para en el País Vasco. Fuera de él, los que impidieron una salida pasífica al problema poniendo palos en las ruedas al gobierno, también son culpables. Esos también me dan miedo.
Compañero Joaquín, yo creo que ha muerto un vasco, español y patriota, que creyó en la libertad de su pueblo, de su país. Gracias a su trabajo, se abortó muchas muertes, secuestros y atentados contra la libertad vasca. En definitiva su muerte debe servir como símbolo de lucha para que algún día esta tierra podrá respirar aire de paz y concordia entre todos. Descanse en paz...
ResponderEliminarCompañero Joaquin, estoy de acuerdo contigo, eta no es el pueblo Vasco, sino una panda de terroristas que ya no saben ni porque causa luchan, y creen que por mas fuerte que suenen sus bombas, o más familias lloren los seres queridos que ellos matan, van a conseguir algo. En verdad si consiguen algo, consiguen que el pueblo español se una aún más para conseguir su derrota, y hacen de España una unidad total que rechaza y condena cada uno de sus actos terroristas.
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